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Oro Toxico

Corcoran, 2025. Un viejo llamado Arthur está conversando con su nieto, Ned, diciéndole por qué debe de tomarse su título universitario e irse a otra parte. Están sentados en un restaurante desayunondo, y el viejo está procurando explicarle por qué, a pesar de lo que se vea en los cálculos, no hay un verdadero futuro para él ni en Corcoran, ni en ninguna otra parte del Valle—ningún futuro verdaderamente humano. Está procurando explicarle por qué las decisiones “económicas” que él y su generación hicieron no dieron los resultados que esperaban.


¿UNA BUENA IDEA?

“En aquel tiempo parecía una buena idea”, dijo Arthur mientras cortaba un panque en un restaurante en Corcoran, ”aceptar recibir los despojos del área de la Bahía de San Francisco y de Los Ángeles. Nos pagaban bien y nos hacía falta el empleo. Los que se decían ser expertos nos dijeron que necesitábamos ‘diversificar nuestra economía’. ‘Seguir confiándonos solamente en la agricultura’ nos dejaría expuestos a muchos peligros.

“Pero déjame decirte una cosa,” continuó el viejo, señalando a su nieto con un tenedor que llevaba un trozo de tocino. “No hay mucha diferencia entre los basurales y las prisiones. Basura es basura. Alguna vez procura ‘agregar valor’ al fango. Es tan fácil como el rehabilitar a un violador de mujeres que ya ha cometido su crimen varias veces.

“La cosa es que nos sobraba el espacio y a ellos no, así que cuando ya no había lugar en los basurales de California del Sur, y comenzaron a buscar a dónde más botar basura, nuestros corrales parecían mucho más vacíos que los de ellos. Sabe Dios que necesitábamos el dinero. Parece mentira que competimos para ver quién tendría la ‘buena suerte’ de conseguirse el privilegio de almacenar los despojos tóxicos”.

“Mira, abuelo, no sé cuál es tu queja. Dio resultado”, respondió Ned, el nieto de Arthur, que tenía 28 años de edad. Dirigió su mira hacia arriba. El dinero que recibía el estado a base de los impuestos nos servía para construir escuelas y casas y hospitales para nuestros enfermos. Todo respondía a una muy buena lógica”.

“Bueno, parecía lógico—si se vuelve al siglo pasado cuando la industria de las prisiones comenzó a cobrar cuerpo aquí en el Valle. ‘Traigan nos a sus criminales’, dijimos a las ciudades de la costa. ‘A ellos les ofreceremos estadía. Les mantendremos lejos de las hijas y los autos y el dinero de ustedes. Les cuidaremos y a nuestra vez nos tocarán todo ese dinero de los impuestos y los trabajos y el negocio para nuestros fabricantes de cemento’.

“Así que construimos grandes prisiones en Madera, Corcoran, Delano, Avenal y Wasco, sin mencionar las que se erigieron en Stockton, Tracy, Atwater, y Coalinga. Y una vez que nos dimos cuenta de qué buen negocio se trataba, nos pareció cosa sensata hacer una propuesta a Intel cuando quisieron encontrar un lugar para almacenar sus desechos tóxicos”.


¿A QUÉ Y A QUÉ?

Por fin, Ned interrumpió el monólogo de su abuelo-- ”Un momentito, abuelo, ese contrato lo consiguió el Condado de Kings, junto con 250 trabajos. Entonces el laboratorio Lawrence en Livermore consiguió aprobación para un dinero del gobierno federal por guardar plutonio vencido, y, ‘a la carrera’. Intel agregó a su oferta la promesa de dar fondos para una facilidad de investigación cerca de UC Merced. Eso nos produjo nuestra propia olita de construcción—más casas, más trabajos, todo dirigido al servicio de construir un ‘centro de excelencia’ en torno al manejo de la basura y al reciclaje”.

Arthur meneó la cabeza y sonrió una sonrisa triste. ”Sí, bueno . . . las palabras se escuchaban bonitas—mucho más bonitas que el producto del cual realmente hablaban. Pero ‘el reciclaje’ y ‘la sustentabilidad’ eran palabras que mi generación iba aprendiendo de los mancebos como tú, que los traían de la escuela, y nos impulsaban a separar las botellas de licor y los botes de cerveza de lo demás de la basura”.

“¿A qué y a qué? Se trata sólo del Valle. Tú sabes que no puede haber hermosura en toda parte como lo hay en Monterey”, dijo Ned mientras sorbía su café. “Mira, si el reciclaje podía dar resultado para los botes de aluminio, ¿por qué no para los encarcelados y los desechos tóxicos?”

“Déjame preguntarte una cosa ‘joven universitario’, ¿cuántos amigos tienes que crecieron con el sueño de ser guardia en una prisión? La escalera de las carreras ¿dónde incluye una para guardias de prisión que de veras lleva a alguna parte? ‘Quédate aquí, hijo mío, y tal vez termines siendo el guardia principal, como quizás director de alguna prisión’. ¡Qué chiste! Lo mismo con los desechos tóxicos. Pásate la vida cuidándolos y tarde que temprano el pudrimiento se te penetra el alma”.

“Pero el hecho es que sí se creció almas con todo ese dinero”, respondió Ned. “Ustedes construyeron escuelas y colegios y hospitales con el dinero que venía de las prisiones y los basurales y todos los trabajos y las casas que brotaban en sus contornos. Una vez que los guardas de prisión enviaron agentes a la legislatura en Sacramento, la entrada de dicho trabajo resultó bastante buena”.

“Pero entonces comenzó a haber escapes en algunos de los depósitos de desecho tóxico. Nos dimos cuenta de que había áreas en las cuales había por demás cáncer. Se repetía de broma que tal vez resplandezca el Valle en la noche, pero se trataba del brillo del dinero.”

“Correcto”, dijo Ned. “A eso me refiero. Había mucho menos desempleo en comparación con lo que se había visto antes. Había dinero en los basurales, y había más dinero todavía en la diligencia de hacer limpieza cuando había errores”.

“Claro que los abogados se enriquecían con los procesos legales cuando había clases de damnificados a quienes proteger. Los demandantes se volvían ricos cuando ganaban los procesos judiciales. Pero, ¿qué puede uno hacer con el dinero cuando están muriendo sus amigos y el valor de los bienes raíces decae y los hijos se están alejando de la casa porque no pueden tolerar lo apestoso que se ha vuelto la propiedad?”

“El manejo de la basura no es lo que antes era, abuelo. La verdad es que es posible reciclar los minerales por un proceso de minar y refinar los depósitos de basura. Esto es lo que he estado aprendiendo allá en UC Merced.”

“¡Vete hijo! La basura es un negocio sucio, a pesar de lo verde que sea el dinero. Con razón llegó el crimen organizado a controlar la basura por lo largo del borde oriental del país en la década de los 50. La ceniza vuelve a ser ceniza, polvo a ser polvo, y basura a ser basura. No importa lo limpio y científico que lo hagan parecer allí en tu ‘centro de excelencia’. Si escoges una especialidad en el manejo de desechos humanos o peligrosos, terminarás siendo simplemente un basurero de alta clase. Y se te pudrirá el alma. Toma tu educación y tu título y vete de aquí. Es posible que te sirvan acá. Pero no es una vida buena.

"Abuelo, me gusta el Valle. Es posible que no haya hermosura, pero se paga bien. Así que me parece que vas a tener alguna dificultad en conseguir que yo me vaya."

“Entonces encuéntrate una manera mejor de ganarte la vida. Dicen que se puede ganar bien criando vacas, en la producción de la leche”.

“Entonces, ¿quieres verme con una pala llena de esas tortas que nos dejan las vacas de regalo en los campos en vez de estar manejando desechos tóxicos?”

“He oído que el negocio del almacenaje está rindiendo bien en el norte—almacenaje y transporte por camión.

“Y ¿qué vamos a hacer con todo el tráfico y el escape de los camiones?”

“Bueno, puedes calcular todo eso allá en tu ‘centro de excelencia’ tan bonito, donde te están enseñando cómo manejar cosas tóxicas, y veneno y todo eso”.

“A ti te puede parecer sucio almacenar desechos tóxicos, pero es necesario que alguien lo haga. A mí me parece que se trata más bien de la limpieza de lo sucio. Y el dinero me consigue una vida mejor que la que podría mantener en Los Ángeles. Además”, Ned sonrió, “¿quién se va a quedar acá para reciclarte a ti y a tus costrosos huesos?”

Art husmeó y respondió, "Bien dicho”.

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