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"El Mundo de Rosa" presenta un Valle
de San Joaquín muy desalentador, con incumplimiento del potencial,
inquietud civil y sueños que casi ni se recuerdan.
El 13 de julio de 2025,
hacía diablos de calor bajo el sol opresivo de verano. Cerca
de una tumba en un cementerio polvoroso en las afueras de Visalia,
se encontraba una figura solitaria. Rosa Pérez—la Doctora
Rosa Pérez—lloraba, en parte por su madre que yacía
bajo la hierba parda, en parte por la realización de que
el sueño que les había traído a todos a California
más de veinte años antes jamás se iba a cumplir.
En el año 2002, Manuel y Carmen Pérez
les dijeron adiós a sus vecinos en su aldea en El Salvador,
y salieron con sus tres hijos para los Estados Unidos. Durante muchos
años habían escuchado que el Valle de San Joaquín
en California era un lugar donde había oportunidades. Tuvieron
que seguir una jornada muy difícil, primero por todo México,
cruzando la frontera cerca de Mexicali, por el Valle Imperial, cruzando
el cerro Tehachipi y por fin llegando a el gran Valle Central.
Tres semanas después de salir de su casa,
llegaron en Ivanhoe, una comunidad agrícola en el Condado
de Tulare donde se había establecido cuatro años antes
uno de los primos de Manuel.
La vida en esa parte no fue fácil, pero
era mejor que lo que habían dejado. En su nuevo hogar, un
viejo garaje, hacía calor en el verano, y frío en
el invierno—pero con todo era mejor que la choza que habían
dejado en El Salvador. Manuel y Carmen ambos encontraron trabajo
en los campos, y Ramón, María, y Rosa se matricularon
en la escuela por primera vez en la vida.
LOS SISTEMAS DEL VALLE SE DESHACEN
Pero dentro de algunos años las cosas comenzaron
a cambiar. La promesa de una educación para sus hijos se
convirtió en una lucha ardua contra un sistema de educación
público que se deshacía debido a la negligencia, las
luchas políticas internas y la recesión económica.
Lo que recibía el gobierno a base de los
impuestos decaía y el costo de la energía aumentaba,
y eso no dejaba en California los dólares que hacía
falta para hacer las mejoras en muchas de las escuelas, los caminos
y la infraestructura. El dinero que sí había se iba
en proporciones fuera de lo razonable para los sistemas escolares
y las carreteras en la costa, y especialmente para los suburbios.
En los distritos marginados del Valle de San Joaquín,
las pandillas ganaron tanta fuerza que los padres comenzaron a sacar
a sus hijos de las escuelas públicas. Las escuelas especiales,
las religiosas, hasta la instrucción en casa parecían
alternativas mejores que tener que hacer a sus hijos sufrir la violencia
y la intimidación.
Entre los años 2008 y 2010 el sistema de
instrucción pública decayó hasta un estado
de la cual ya no era posible rescatarlo. El estado se impuso a los
distritos en donde el rendimiento era lo más bajo y se apoderó
del sistema escolar, e introdujo una serie de escuelas industriales
en las cuales se enfatizaba la educación vocacional . . .
pero la economía era tan anémica que no había
“vocaciones”, ni trabajos, para los que se graduaban
de las nuevas escuelas. El Valle estaba encerrado en un ciclo vicioso
en el que las compañías, espantadas por el fracaso
del sistema escolar, se fugaban más rápido que se
graduaban nuevos empleados para unirse al número de obreros
que ofrecían a dichas compañías su trabajo.
UNA FAMILIA ATORMENTADA
Manuel y Carmen ya no sabían qué
hacer. Les era difícil mantener unida su familia. Dos meses
después de que cumplió 14 años, Rosa se fue
a vivir con unos negociantes de ascendencia mexicana de segunda
generación en este país, los señores Rodríguez.
La hermana de Rosa, Maria, no tuvo tan buena suerte.
María se encontró encinta a los 13 años. No
recibió buen cuidado prenatal (en parte debido a que la clínica
más cercana no recibía servicio de autobús
y la camioneta Chevrolet de sus padres a veces no servía.)
Sufriendo de asma debido a la contaminación del aire, María
sufrió la pérdida de su hijo después de que
Manuel y Carmen habían gastado todo el dinero que habían
ahorrado.
María murió unos pocos años
más tarde debido a una disputa doméstica.
Entonces en el año 2014 Manuel Pérez
perdió su trabajo debido a que la compañía
donde trabajaba declaró la bancarrota. Manuel y Carmen habían
querido ayudarle a Rosa a pagar su educación, pero ya se
puso imposible. Inspirada por una de sus profesoras en la escuela
religiosa donde asistía con los niños Rodríguez,
Rosa decidió dedicarse a la medicina.
Se consiguió una beca completa para asistir
a Fresno State University, y después asistió a UCLA
para conseguir su título médico.
Pero el éxito que ganó tras tanto
trabajo era la excepción. Todos los que vivían en
el Valle de San Joaquín sufrían los efectos de la
recesión, sequía, y la falta de los gobiernos estatal
y federal de aliviar su sufrimiento.
INQUIETUD
El hermano de Rosa, Ramón, no llegó
a las alturas educativas al igual que su hermana. En cambio, se
encontró inundado en la cultura de las pandillas y las drogas
vinieron a ser para él una cosa muy importante, pero de manera
muy distinta.
Sus amigos no eran simples criminales. A ellos
les interesaba la lucha por la justicia para los latinos a los cuales
el Sueño de California les había dejado marginados.
Ramón y sus amigos fueron reclutados en un bar en Bakersfield
y vinieron a ser activos en un movimiento subterráneo que
brotaría en una ola de motines entre los de distintos niveles
económicos en el año 2021.
Una vez que las tensiones a base de las clases sociales produjeron
la violencia, la mayoría de los que quedaban, anglos, sikhs,
hmonges—todos y cuántos pudieron—se fugaron a
la costa o a la Sierra. El impacto de muchos años de desastre
social y económico dejó al Valle de San Joaquín
en condiciones similares a algunas de las partes más pobres
de México.
Antes de que se fugaran a otras partes, los últimos
de los que jugaban con las finanzas en el Valle, se enriquecieron
comprando agua por $75 por pie/acre y vendiéndolo por $2000
a intereses particulares en el Valle de Los Ángeles —
similar a la película Chinatown con las guerras a base del
agua, pero sin Jack Nicholson ni Faye Dunaway. Se trataba simplemente
de más de la misma corrupción que hacía décadas
venía obrando en contra de los intereses de gente como Manuel
y Carmen Pérez.
MOTINES
En vista de lo obvio que era la injusticia, Ramón
y los que le acompañaban implementaron una red de guerrillas
que se extendía hasta los Estados Unidos, una continuación
de la influencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
y de los Zapatistas en Chiapas. En el año 2022, espantados
más y más por lo que parecía ser una revolución
de hecho, el gobierno federal introdujo tropas en números
que antes no se había visto desde los disturbios urbanos
de la década de los 60 para imponer paz en el Valle de San
Joaquín.
Pero no quedaba mucho sobre lo cual pelear.
La mayoría de las granjas dejaron de producir
por falta de manejo, agua y trabajadores. Ramón y sus compañeros
no tenían donde esconderse porque no había ni las
calles de las ciudades grandes, ni la selva impenetrable. Usando
helicópteros que podían volar muy bajo y equipo de
alta tecnología para hacer la búsqueda, pusieron fin
al levantamiento en unas pocas semanas y Ramón, que tuvo
la suerte de que a él no le habían matado, terminó
con una sentencia de quince años de prisión en Corcoran.
EL AMARGO FIN
En el Condado de Tulare, la madre de Rosa supo
que había contraído cáncer del ceno. Se decía
que se debía a las pesticidas que se habían introducido
en el sistema de agua potable.
Rosa entendía lo suficiente para saber que
no había nada que podían hacer ni ella ni sus colegas
para combatir un cáncer que había llegado a su etapa
final. Cuando procuraba consolar a su madre durante las semanas
finales, le aseguraba que no había sido un error que Manuel
trasladara su familia de El Salvador hasta los Estados Unidos.
Pero parada junto a la tumba de su madre debajo
del calor del sol del Valle, a pesar de todo lo que Rosa había
logrado, ella no podía estar segura de que había valido
la pena.
La
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